¿Qué es la Medicina Psicosomática?

Dificultad epistemológica:

Cuando se habla de medicina psicosomática, se enfrenta una dificultad epistemológica: no es una especialidad médica con un marco homogéneo y regulado. Es mucho más fácil definir el área de trabajo de la cardiología que la de la medicina psicosomática. A diferencia de otras ramas de la medicina, donde existen criterios diagnósticos y terapéuticos claramente definidos, la psicosomática ha sido abordada desde diversas tradiciones teóricas y clínicas.

Algunas definiciones clave:

El Colegio Internacional de Medicina Psicosomática (International College of Psychosomatic Medicine – ICPM) define la medicina psicosomática como: «La aplicación de conocimientos y habilidades en los aspectos bio-psico-sociales de las relaciones entre cerebro-comportamiento-salud-enfermedad.»

Esta definición complementa las perspectivas clásicas, como las define Jon Strelzer:
• «Todas las enfermedades tienen aspectos psicosociales que influyen en su causa, precipitación, manifestación, curso y resultado.»
• «El abordaje del individuo que sufre una enfermedad específica depende de la idiosincrasia de su situación vital, lo que incluye, además de atender el proceso de la enfermedad, considerar los correlatos psicológicos y sociales.»

Uno de los autores más influyentes en este campo, Z. J. Lipowski, resumió la teoría y práctica de la medicina psicosomática con una definición aún vigente:
1. «Es la disciplina científica que estudia las relaciones entre los determinantes biológicos, psicológicos y sociales de la salud y la enfermedad.»
2. «Es un conjunto de postulados y guías que encarnan un enfoque holístico en la práctica de la medicina.» (Strelzer, 2016)

¿Por qué es necesario definir algo que parece obvio?

También parecería evidente que las enfermedades se manifiestan de manera distinta en cada persona y que los factores sociales y psicológicos afectan a los biológicos. ¿Existe alguien que trate a sus pacientes pensando exclusivamente en el plano corporal, sin contemplar la mente o la psique? Tal vez no. Sin embargo, la necesidad de definir y delimitar este campo surge de una serie de padecimientos que generan dificultades para ser encuadrados en los modelos médicos tradicionales. Algunos ejemplos incluyen:

• Síndrome de intestino irritable:

El SII afecta aproximadamente al 11% de la población mundial, con variaciones significativas según la región y los criterios diagnósticos. La prevalencia es mayor en mujeres y en países desarrollados.

• Fibromialgia:

La fibromialgia afecta entre el 2% y el 8% de la población global, con predominio femenino. La prevalencia es mayor en áreas urbanas (hasta 11.4%) y en poblaciones específicas muestra una prevalencia de hasta 15%.

• Dolor musculoesquelético crónico:

El dolor musculoesquelético funcional es extremadamente común, con una prevalencia global del 20–30% en adultos, y es la principal causa de años vividos con discapacidad

• Episodios convulsivos no epilépticos, entre otros.

Estos cuadros han recibido múltiples denominaciones a lo largo del tiempo: síntomas médicamente no explicados, patologías funcionales, trastornos somatomorfos, cuadros conversivos, y en la actualidad predominan términos como dolor crónico primario, síndrome de distrés corporal y trastornos disociativos. Esta dificultad para encontrar una definición demuestra que el sistema médico, como se conoce, tiene dificultades en encontrar los puentes que unen la mente y el cuerpo (si es que asumimos que existe alguna separación entre ellos).

 

Dualidad Cuerpo-Mente:

El concepto de dualidad cuerpo-mente, también conocido como dualidad cuerpo-alma, tiene raíces profundas en la cultura occidental. Para algunos pensadores, esta dualidad es considerada un falso punto de partida de la filosofía. Sin embargo, su influencia es innegable: desde los griegos (Platón, Aristóteles), pasando por la teología cristiana, hasta Descartes, quien ofreció la definición más influyente de esta separación entre lo físico y lo mental. Según el dualismo, la mente (o el alma) está compuesta por una sustancia no física, mientras que el cuerpo está constituido por materia (Descartes, 1641). Desde esta perspectiva, la mente y el cuerpo estando claramente separadas, son capaces de afectarse mutuamente de manera causal.

Pero esta dualidad no se limita a un plano filosófico. Persiste en la estructura teórica de disciplinas como la neurociencia cognitiva, que a menudo adopta modelos reduccionistas centrados en la actividad cerebral, sin integrar plenamente la dimensión experiencial y contextual del individuo. La idea de que todo lo que experimentamos —desde el dolor o la ira hasta el amor o la fe— es una construcción del cerebro es ampliamente aceptada. Según esta perspectiva, el mundo que percibimos surge dentro de nuestra mente, y la experiencia del «yo» es solo un modelo temporal que el cerebro activa por razones funcionales. Como señala Thomas Metzinger:

 

«La experiencia consciente se asemeja a un túnel […] Primero, nuestro cerebro genera una simulación del mundo tan perfecta que no podemos reconocerla como una imagen dentro de nuestra propia mente. Luego, crea una imagen interna de nosotros mismos como una totalidad.» (Metzinger, 2009, p. 21).

Esta diferenciación entre mente (psyche) y cuerpo (soma) es lo que hace necesario hablar de medicina psicosomática. Las dolencias que se abordan —como el síndrome de intestino irritable o la fibromialgia— no reconocen esta separación. Al intestino irritable, por ejemplo, no le interesa si hay o no un foco inflamatorio intestinal (soma) para generar dolor y padecimiento (mente). En estos casos, la experiencia del síntoma trasciende la división tradicional entre lo físico y lo psicológico, y es aquí donde la medicina psicosomática encuentra su razón de ser.»

Literatura:

• International College of Psychosomatic Medicine (ICPM) – https://icpmonline.org

• Streltzer BioPsychoSocial Medicine (2016) 10:25 DOI 10.1186/s13030-016-0076-2

• René Descartes – Meditationen über die Erste Philosophie. Herausgegeben von. Andreas Kemmerling. 2., bearbeitete Auflage. Page 4. ISBN 978-3-11-057158-5 e-ISBN (PDF)

• Lovell, R. M., & Ford, A. C. (2025). Global prevalence of irritable bowel syndrome according to Rome III or IV criteria: a systematic review and meta-analysis. The Lancet Gastroenterology & Hepatology.

• Heidari, F., Afshari, M., & Moosazadeh, M. (2017). Prevalence of fibromyalgia in general population and patients, a systematic review and meta-analysis. PubMed

• Global prevalence of musculoskeletal pain. (2022). BMC Musculoskeletal Disorders.

• Metzinger, T. (2009). The ego tunnel: The science of the mind and the myth of the self. – Basic Books/Hachette Book Group.

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